Los de “cuello blanco” y el contraste de los 43/EDITORIAL

El pasado 29 de junio, Chiapas fue la sede para reunir a la Comisión Nacional de Gobernadores (Conago), cuya intención fue el desarrollo “integral de la región sureste” del país a través de tres propuestas de infraestructura, creación de una Fiscalía para  Migrantes y mayor inversión extranjera.

Al evento asistieron políticos de primer nivel, de varias entidades federativas, con el mismo protocolo de siempre, con la misma seguridad de antes, con la misma obstrucción al inicio para la prensa crítica.

Entre otras cosas, también se abordó el tema de moda: Zonas Económicas Especiales, que habrán de funcionar en un mediano plazo y donde Chiapas tiene cabida para desarrollar proyectos.

Sin embargo, vivimos en una entidad donde el Estado de Derecho ha sido nulo, por lo menos, en los últimos cuatro años y seis meses; los intentos por reestablecer la paz social son esporádicos.

Llegaron a la entidad los funcionarios de cuello blanco, los que condenan los bloqueos carreteros, los que se pronuncian por un mejor México pero también forman parte de la corrupción.

Hospedaje, comidas, recepción, y seguridad de lujo son tan sólo algunos detalles que enmascaran estos eventos de “elite” en una parte del país donde los problemas sociales, políticos y económicos están desbordados.

Al día siguiente el contexto fue completamente diferente, visitaron el estado personas que han sido reconocidos a nivel internacional por su incansable lucha; a más de mil días de la desaparición de 43 jóvenes de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre, la caravana de madres y padres de familia siguen en reclamo al gobierno federal para que, de un vez por todas, entregue una respuesta que convenza a los mexicanos sobre el paradero de los normalistas. De sus hijos.

Ellos, a diferencia de los políticos, han renunciado a los privilegios, al chantaje, inclusive al soborno que han hecho las autoridades para que se retiren de la búsqueda; como no han accedido, a cambio han recibido amenazas, hostigamiento y cualquier tipo de represión.

Son madres y padres que viajan miles de kilómetros por la República Mexicana, que pasan varias horas postrados en un asiento antes de emitir el siguiente pronunciamiento social que se transforma en político cuando las instituciones son negligentes.

La Caravana llegó al parque de la marimba, sin muchos lujos, con mantas que expresan la inconformidad, con un mesa improvisada, con un aliento y voz entrecortada, con una playera que los idéntica con la leyenda “43” y con una frase nacional ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos! (…) los otros personajes visten de blanco, pero acceden al chantaje, al soborno, a la corrupción, a la impunidad.

Las dos visitan contrastan; por un lado, la demagogia se utiliza como un mecanismo de escape para hablar de desarrollo económico en el estado que más rezago educativo presenta, en la entidad donde el medicamento más básico no se encuentra en los hospitales, donde los niños prefieren no ir a la escuela para ganar un par de centavos y puedan subsistir.

Por el otro, la pelea contra el Sistema sigue, bajo la lluvia o el sol, alejado a veces hasta de los propios medios de comunicación, aunque tienen como brazo fuerte las redes sociales. Ambas visitas cumplieron un objetivo, una más social, más humana. La otra más políticas… Más económica.