Es momento de caminar en el mismo suelo de la ciudadanía/EDITORIAL

El proceso electoral de 2015 estuvo plagado de irregularidades, complicidades y hasta corrupción. Falta en la equidad de género, fraude en la diputación migrante, disputas por el poder (que aún prevalecen) en comunidades indígenas. Lo mencionado por los Consejeros y Consejeras de ese entonces se vino abajo. El Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) perdió toda credibilidad.

Ahora el reto es mayor en tres vertientes; la primera, los encargados de garantizar imparcialidad en el siguiente proceso electoral no deben permitir, bajo ningún pretexto, que los interesados en participar en un puesto de elección popular se promocionen de manera indebida para sacar ventaja.

La segunda, la responsabilidad que tienen los actores políticos es fundamental. Históricamente hemos padecido en el periodo de campañas meses de guerra mediática y pocas propuestas viables para atender las necesidades del pueblo.

Ese tiempo se gasta en desprestigio, en promesas que se olvidan a corto plazo. Porque prometer no empobrece, porque aún tenemos la ligera esperanza que los políticos cumplan su palabra.

La tercera y la más importante: la participación social. Criticar al gobierno desde un teléfono o atrás de una computadora no resuelve los problemas que tenemos en el estado. Votar por quien usted considere mejor es (quizá) la única opción que existe para que haya un cambio.

La democracia, se constituye, entre otras cosas, por el sufragio que usted emite en las urnas. El voto forma parte de su crítica, de su pensamiento político, de su capacidad de decisión. Como sociedad también tenemos la responsabilidad de no vender nuestra conciencia, de no tener doble moral. Las elecciones tienen y deben ser un resultado de la participación de los chiapanecos y no de imposiciones partidistas.

Y ahora con la decisión que tomaron los diputados locales de eliminar el financiamiento a los partidos políticos (aunque aún se puede impugnar), debería cambiar la forma de autopromoción. Entendemos que ese dinero servirá para reconstruir Chiapas; entonces, las calles de la entidad deberían estar sin tantas lonas colgadas en cada esquina o sin tantos folletos, suvenires o cualquier insumo que implique el derroche económico solo para mostrar el perfil de los candidatos. Es momento de caminar en el mismo suelo de la ciudadanía.

En el rubro político Chiapas está convulsionado. Un Frente Amplio que no termina por ponerse de acuerdo, porque todas las corrientes partidistas creen tener a la persona idónea para gobernar; por otro lado, al interior de los Institutos Políticos la guerra sucia ya empezó y en algunas zonas indígenas la rebelión para que el proceso de votaciones se realice a través de los usos y costumbres sigue vigente.

En 2018 la vigilancia para el proceso electoral tiene que ser mayúscula. El gobierno de Chiapas y las autoridades electorales tienen que hacer a un lado los boletines o discursos baratos donde llama a la civilidad y a la paz social, la mejor manera en que pueden expresar sus acciones es a través de la aplicación del Estado de Derecho para que ya no veamos en las redes sociales o en los medios de comunicación el secuestro o quema de casilla o la coacción del voto o errores en el sistema de cómputo.

Ojalá que las personas interesadas en participar en la elección de un cargo popular entiendan la importancia de este proceso donde se renovarán mil 978 cargos en nuestro estado.